Mostrando entradas con la etiqueta un poco de vida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta un poco de vida. Mostrar todas las entradas

lunes, julio 05, 2010

Dónde estás

Estos malditos trapos viejos, la foto que nos tomamos subiendo el Pichincha en el teleférico, la taza de café que me compraste en la cima, el olor a ti que tiene esa bufanda que te robé… por qué no me dejan olvidarte. la tarde que fui a tu colegio, todos me miraban analizando cada uno de mis movimientos, miraban cuando te abrazaba y cuando te besaba, tus amigas querían conocerme y tus amigos simplemente me miraban estáticos en una esquina del edificio, ese maldito edificio tiene también tu cara en todas sus paredes, tu mirada en sus ventanas… todo me recuerda esa tarde en la que subiste a ese avión y no te volví a ver más, esa camiseta convertida en un maldito trapo viejo que grita tu nombre cada que la veo, no se por qué no la he regalado (quizá porque me recuerda a ti), o tal vez porque aun me gusta que me recuerde a ti, sigo caminando por las mismas calles contigo, sigo tomando el mismo café que me compraste, aún me pongo la misma bufanda con tu olor, aún te tengo cerca, aún te abrazo, te robo un beso y me dices que me amas (por qué estas malditas historias de los libros siempre son iguales), ahora cierro los ojos y siento que respiras y veo la cima del Pichincha vacía, sin nubes, sin sol, sin estrellas, sin ti... solo un avión vuela por ahí, y no me dice en donde estás.

jueves, octubre 30, 2008

Memorias de una Misión

Muchas palabras se han escrito sobre la alegría, mucho se a dicho sobre las misiones sobre lo que se aprende y lo que uno vive, pero no son estas, mas que simples palabras y vivencias de gente que nos motiva a servir, a ayudar y a salir un momento de nosotros; pero cuanta diferencia existe en leer el testimonio de un misionero o mirar la película de los viajes de algún sacerdote que dio su vida en la misión, a vivir uno mismo esta tan rápida y fuerte experiencia y por un momento ser el protagonista de esta historia, de este pequeño cuento.


En realidad no existen versos, ni palabras, ni figuras literarias que puedan describir lo que sentí, lo que en estos días fui aprendiendo, pero sobre todo lo que viví, porque el salir de casa y llegar a un lugar, a un pueblito tan oculto, tan lejano, casi como escondido entre nuestros mapas, que solo el recordar lo que nos costó alcanzarlo me devuelve la paz que en medio del dolor sentía, este pueblito que en su ceno conserva la esencia básica del secreto que cultiva la felicidad, donde la sonrisa de un niño, la dulce mirada de su madre o el sudor en la frente de un padre que ha trabajado el día entero, nos enseñan que a pesar de todo en este mundo aun vale la pena vivir, que todavía existe la luz al final del túnel, que aunque no lo sintamos alguien se preocupa por nosotros, alguien nos cuida, alguien nos ama.


Fue esto en pocas palabras lo que quedó en mi alma, mucho más hay en mi corazón y aun más en mi mente, cosas como las caídas, las risas, las lágrimas, los cantos, los juegos, las palabras pero sobre todo lo que más guardo es a las personas, sus rostros, sus historias y esa forma tan linda de ser que gracias a esto pudimos convivir y por un momento nada más ser un habitante de "N DENTRO", quisiera de todo corazón volver y encontrarme con toda esa gente que conocí allá y saber que algo de lo que hicimos en realidad les sirvió y que estos amigos cada día están mejor, pero sobre todo saber que aun mantienen su fe, su alegría y la libertad propias de quien a aprendido a disfrutar de la sencillez.