sábado, agosto 29, 2009

El Ecuador, Tradiciones, Cultura y Pensamiento

El Ecuador sin duda posee enormes riquezas culturales, naturales y étnicas que a lo largo de su historia se han ido desarrollando de diferentes maneras. Se dice que “en nuestros campos las plantaciones crecen solas”, que “tenemos la mayor biodiversidad por metro cuadrado”, que “siempre ha existido algún recurso natural que saque a flote la economía del país”, nuestra religiosidad nos ha convertido en el “País del Sagrado Corazón de Jesús”, que “vivimos tranquilos rodeados de volcanes” (Humboldt) y cosas por estilo.

Lastimosamente nuestro país carece de información sobre su historia precolombina como nos demuestra Ernesto Salazar en el libro Entre Mitos y Fábulas del Ecuador Aborigen , y es esta falta de autoconocimiento es lo que, desde mi punto de vista, nos impide proyectarnos hacia un futuro y hacer cosas importantes en nuestra historia. Esto sumado a casi tres siglos de dominio español en los que, prácticamente, se destruyó nuestra cultura y nuestra historia en busca de riqueza, fama, poder y el famoso “otro oro de América” , ideal que perseguían estos invasores (Núñez), nos convierte en un pueblo pasivo que no adquiere papeles protagónicos en su desarrollo. En defensa del pueblo español hay que acotar que llegaron con una mentalidad de “reconquista” dada por las batallas contra los moros, actitud que promovió las matanzas y todo el desastre cultural que se llevó a cabo (Espinosa Tamayo ).

Dejando de lado nuestros vacíos históricos analicemos nuestro entorno. El país se divide en cuatro regiones: Costa, Sierra, Oriente y Galápagos; divididas, hasta más de la mitad del siglo XX, por falta de comunicaciones y “pésimos caminos” (Hurtado. Pág. 96) y no es hasta la conclusión del Ferrocarril que, por lo menos, la costa y la sierra se integran. Es precisamente este aislamiento el que generó en los habitantes de estas regiones un regionalismo bastante marcado. A este aislamiento se agrega la diferenciación racial entre mulatos y zambos, en la costa, y cholos e indios en la sierra (Espinosa Tamayo. Pág.47); cabe acotar que este regionalismo no ha trascendido en sobre manera y no va más allá de bromas por la forma de hablar o la preferencia en la alimentación, lo que no produce un rechazo entre regiones y nos permite “conformar una nación” (Espinosa Tamayo. Pág. 121).

Hasta 1917 se conocía poco de las Islas Galápagos, y se las llamaba aún Archipiélago de Colón y solo dos islas estaban habitadas y la pesca siempre fue abundante (Espinosa Tamayo. Pág.26). El Oriente por su parte siempre fue un territorio “inhóspito” y de muy difícil acceso como señalan Hurtado y Espinosa Tamayo, aunque, como lo indica este último, debido al mito del dorado, varias expediciones de aventureros se arriesgaron a adentrarse en la selva. En la actualidad son varias los puntos de desarrollo en esta región gracias en gran parte a la influencia del petróleo y por otro lado al turismo.

Para 1916 el número de habitantes era de alrededor de 240 000 personas, pero no se podían hacer censos lo que nos impide tener datos exactos (Espinosa Tamayo. Pág.28); ahora casi 100 años más adelante el número de habitantes supera los trece millones.
Nuestros compatriotas siempre tuvieron una forma de ser bastante sumisa debido a todo su pasado precolombino como aclararán Espinosa Tamayo y posteriormente Jorge Núñez. Osvaldo Hurtado nos dirá que para la época de la colonia los indios eran considerados inferiores a los animales de carga y tratados como sirvientes o trabajadores y hasta como esclavos. Para ésta época (y no hasta hace poco) no se les permitía estudiar ni a negros ni a indios, por considerarlos razas inferiores con capacidad mental e inteligencia no desarrollada (Hurtado). Además, como aclara Espinosa Tamayo, alrededor del siglo XVI, XVII y XVIII la educación era un lujo al que ni siquiera los hijos de terratenientes o dirigentes de la Audiencia accedían, lo que llevó al país a un retraso cultural, artístico y científico enorme en el que casi no se produce nada en estos ámbitos, y nuestros artistas escultores, poetas y demás se complacen solamente con llegar a ser “puros imitadores” y, para colmo, tenían un atraso de casi 15 o 20 años.
Bajo todo esto se llega a concebir a los indios y a los negro como gente vaga y que rechaza el trabajo (Hurtado). Tal vez esta actitud es comprensible ya que, como afirma Espinosa Tamayo y lo recalca el mismo Hurtado, la educación es un privilegio y a los negros e indios no les queda más que: o no hacer nada o ser esclavos (Hurtado); además añadirá Hurtado que “la tierra prácticamente se cultiva sola” (este comentario discrepa con Espinosa Tamayo, sobre todo en las tierras de la sierra) así es entendible que a nuestros antepasados no les sea grato el trabajo; además en realidad, como resalta Núñez, fueron los españoles quienes al llegar a tierras Americanas se encontraron con un paraíso de tierras con las cuales enriquecerse casi sin nada de esfuerzo, ya que la tierra venía en “combo” con trabajadores que, bajo la influencia de la “mita”, la labraban.

Los problemas de la preferencia por la inactividad frente al trabajo o la sumisión de los pueblos hacia un mandatario los veremos reflejados en la época de la republicana incipiente y aún en nuestros días. Todas estas actitudes generan en el pueblo un nivel de desconfianza (en ellos mismos y en sus similares) enorme, lo que evitará asociaciones para empresas (Hurtado), y que la gente prefiera guardar su dinero bajo “ollas de barro” o esconderlo en lugares insólitos, en lugar de invertirlo para buscar progreso y desarrollo tanto de la familia como del país. Esta desconfianza hacia nuestros semejantes nos hace más vulnerables a dejarnos llevar por el discurso de alguien que parece mostrar interés en nosotros y caemos fácilmente en el caciquismo y posteriormente en el populismo.

Es así como nos cuentan la historia, llena de abusos, fracasos y corrupciones desde siempre; ahora nosotros escribimos nuestra historia y seguramente pasarán varias generaciones antes de que podamos procesar y superar muchas cosas y etapas de nuestro pasado que tanto mal nos ha hecho, lo importante es saber darnos cuenta y reconocer los errores del pasado para no cometerlos nuevamente y entender nuestros orígenes para poder proyectarnos mejor hacia el futuro, considero yo, es ésta la finalidad de la historia.

Textos de Referencia:

Salazar, Ernesto. Entre Mitos y Fábulas del Ecuador Aborigen, Quito, Corporación Editora Nacional. Ed. 1995. 2005
Núñez, Jorge. Historias del País de Quito. Quito, Eskeletra, 2007
Espinosa Tamayo, Alfredo. Psicología y Sociología del Pueblo Ecuatoriano. Quito, Universidad Alfredo Pérez Guerrero. 2007
Hurtado, Osvaldo. Las Costumbres de los Ecuatorianos. Quito. Planeta. Ed.6º. 2008